Un experimento demuestra que el silencio puede ser incómodo físicamente
No es solo psicológico. El cuerpo también reacciona.
Un experimento expuso a varias personas a largos periodos de silencio absoluto. Muchos participantes experimentaron incomodidad, inquietud e incluso síntomas físicos leves.
El cerebro está acostumbrado a estímulos constantes. Cuando desaparecen, entra en alerta. Por eso el silencio prolongado puede resultar tan incómodo como el ruido excesivo.
Una prueba más de que el equilibrio sensorial es clave.
